Viaje a través de los cuentos I: una guía para principantes (de 1 a 3 años)

Escuchaba el otro día al inspirador Víctor Kupper (tú también puedes hacerlo pinchando aquí) decir  que las relaciones se construyen a base de cariño y tiempo. Planta que no riegas, planta que palma, repite. Pero, después de un día de triple mortal con tirabuzón, conseguir la grandiosa hazaña de terminar el cuento sin desfallecer (saltándote algún párrafillo) y escuchar el “mami, ¿me cuentas otro?” te puede dejar así…

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Lo sé… Pero también sé que los cuentos son una potente herramienta terapéutica que nos permite conectar con el niño de una manera sorprendente. Por arte de cuento potenciamos actitudes, normalizamos situaciones angustiosas que nos cuesta abordar directamente, como un divorcio o la muerte de un ser querido. ¿Qué otra herramienta nos permite todo esto sin movernos de la cama? Merece la pena intentarlo, ¿no?

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A lo largo de este post muestro algunos de mis cuentos favoritos para tratar distintos temas en niños de 1 a 3 años. Tengo una gran colección y muchos de ellos al final han acabado decorando la estantería, por eso creo que ver un par de páginas de un libro antes de comprarlo puede ser de gran utilidad. Y por eso la entrada de hoy.

Pero antes, voy a dar algunas consignas para enganchar a los más pequeños a la lectura. Porque todo esto de trabajar cualquier cosa a través de los cuentos suena ideal, pero sé lo frustrante que resulta sentarte a un pequeño de 18 meses en las rodillas, abrir un cuento maravilloso con la mente repleta de expectativas y que el niño se empeñe en pasar la página hacia atrás y hacia delante, hacer la croqueta o patalear, vamos, que no haya forma. Y tú estar deseando que se duerman para poder cenar y ponerte en horizontal, o directamente esto último sin pasar por lo primero porque hoy no te da la vida para más…

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Esta escena desanima a cualquiera y por eso vamos a empezar por el principio.  ¿Qué hacemos para cultivar el gusto por la lectura a edades tempranas? ¿Cómo nos las ingeniamos para iniciarlos en el maravilloso mundo de los cuentos y no morir en el intento? Para empezar:

  • El cuento se inicia como un juego, no como una imposición, por ello debe ser corto y que de opción a manipularlo (los niños a estas edad aprenden tocando, chupando y lanzando). Los hay de muchos tipos, de tela, plástico o los tipo pop-up (desplegables de toda la vida). Personalmente prefiero aquellos que tienen las hojas encartonadas y duras, que pueden morder y que no acaban hechas pedacitos por todo el suelo de mi casa.

Algunos ejemplos de esto son:

  1. “Luna”, de Antonio Rubio (texto) y Oscar Villán (ilustraciones), editado por Kalandraca, es un poema visual recitable, poesía pictográfica se llama. Mi hijo hasta duerme con él..
  2.  “El pollo Pepe” (Nick Denchfield) editado por SM. No sé qué tiene este cuento que es verdadera pasión lo que desata en los pequeños. Tiene alguna otra variante con distintos animales, pero como el pollo, ninguno.
  • Para captar su atención, hay que ser un poco teatrero al principio, bien de onomatopeyas y gestos, bien de cosquillas y risas. Que ya lo decía Morais en “El arte de leer”, que el niño descubre el universo de la lectura a través de la voz del adulto.giphy20
  • A estas edades todavía no comprenden todo lo que se les dice, por eso para captar su atención el componente afectivo es fundamental. La hora del cuento es un rato muy íntimo en el que, como padres, tenemos la oportunidad de hacerles sentir que es su momento. Es AQUÍ y AHORA. (Si no has leído mi post sobre la importancia de conectar con el presente, puedes hacerlo pinchando aquí).
  • El cerebro del niño requiere repetición para aprender, nos lo cuenta todo aquí la genial Tamara Chubarovsky en este artículo. Que es preferible leer el mismo cuento varias veces seguidas durante algunas semanas a leer dos y tres historias diferentes cada noche. Y es que una palabra tiene que exponerse al niño de 15 a 20 veces para que la integre en su vocabulario. No lo digo yo, lo dice Ausubel, que es el padre del aprendizaje significativo, ahí es nada. Asi que la próxima vez que le sueltes a tus hijos aquello de “pero ¿cuántas veces voy a tener que repetirte las cosas?” ya sabes la respuesta. Mínimo 20. Los cuentos son, pues, una oportunidad de oro para esa exposición sin parecer un loro y, lo mejor, sin enfados.

Una vez los hemos enganchado a la rutina cuentil, con cuentos manipulables, podemos seguir con algunos títulos de frases cortas, lenguaje sencillo y con historias con las que el niño puede verse identificado, pudiento trabajar así, distintas aspectos típicos a esta edad, como las rabietas, las dificultades para compartir o, incluso, dejar el chupete. Algunas de mis recomendaciones son:

> “Gracias”, de la colección Pasito a Pasito, de Juliette Parachini, editado por Panini. Es un libro muy agradable al tacto y tiene el tamaño perfecto para ir empezando.

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>  “Te quiero mamá”, editado por Susaeta. (Texto: Melanie Joyce. Ilustraciones: Polona Lovsin). Una auténtica libro-joya para regalar a una madre (apuntad papis). También en versión para papás, igual de delicioso.

> “El perrito Teo se enfada” y “El osito Bruno no quiere compartir”, ambos de San Pablo. Ilustrados por Berengere Motuelle. Me gusta el tacto de sus tapas de tela y la sencillez con la que trata los problemas de conducta comunes a los 2 y 3 años.

> “Adios chupete”, de Alice Le Hénand y Thierry Bedouet, editado por Edelvives.

> “Laura va al médico”, de Liesbet Slegers, pertenece a la colección Nacho y Laura, también de Edelvives. Muy útil para normalizar las visitas al pediatra.

> “Vas a ser la hermana mayor”, de David Bedford y Susie Polle, editado por Parragon. Este libro lo recomiendo especialmente para prevenir los celos ante la llegada de un hermanito. La mayoría de libros sobre el tema focalizan la atención en el hermano que llega y éste, en concreto, pone el foco en el que ya está aquí y en todas las cosas buenas que tiene ser el hermano mayor, desde una perspectiva realista, avisando también de lo que le espera al pobre (ojito hermana, que papá y mamá pueden estar ocupados, los bebés lloran mucho y te pueden vomitar encima).

Una vez son más experimentados, podemos ir introduciendo cuentos con mayor contenido de texto de forma progresiva, teniendo siempre en cuenta el valor de la repetición a esta edad, lo necesitan, así que no te desanimes si los primeros días parece no prestarle mucha atención al cuento nuevo o se opone a empezarlo.

> “Cuando estoy contento”, de Trace Moroney, editado por SM, me gusta porque destaca la importancia de las pequeñas cosas y el valor de la alegría. El libro indica que es para niños a partir de 3 años pero es muy sencillo de leer, con frases cortas y dibujos muy bonitos.

> “Yo soy yoga”, de Susan Verde por el texto y Peter H. Reynolds por las ilustraciones y editado en España por Gaia Ediciones. Una maravilla para iniciar a los niños en el arte de conectar con su interior. Con frases cortitas acompañadas de ilustraciones con distintas posiciones de yoga sencillas.

Yo desde aquí me declaro una auténtica fan y coleccionista de cuentos, no sólo por su valor terapéutico, también porque algunos de ellos son pequeñas obras de arte. Gracias al inmenso y, a veces, poco agradecido, trabajo de los ilustradores conseguimos fijar la atención de los más pequeños y desarrollar su mundo de fantasía. Y conectar también, por qué no, con nuestro niño interior. Los cuentos tocan por igual a mayores y pequeños y son capaces de llegar donde una conversación no alcanza.

En próximas entradas seguiré mostrando títulos que merece la pena leer, para regalarnos o regalar a aquellos que puedan necesitarlo, con textos algo más elaborados para niños más mayores e, incluso, para adultos. Mientras tanto, papis, mamis y educadores de 0 a 3 podéis empezar por aquí.

¡Hasta pronto!

 

 

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