Érase una vez el amor propio

Amor propio: dícese del amor que alguien se profesa a sí mismo.

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Se trata de AMARNOS pichones. Amarnos a nosotros mismos por encima de todas las cosas. Y, en eso, según escuché el otro día a la fabulosa Silvia Adriasola, las mujeres tenemos las de perder porque, desde que somos niñas, la cultura nos invita a sentirnos incómodas (culpables/egoístas/malasmadres) cuando nos ponemos en el centro de nuestra propia vida (en lugar de al marido/hijos/padres/cualquier-otro-menos-a-nosotras).

No me voy a extender en esto porque lo cuenta maravillosamente bien Carmen García Ribas aquí, pero básicamente es lo que hace que la gran mayoría de mujeres se desgasten en agradar y complacer a todo el mundo menos a ellas mismas, autosaboteando su propio éxito y perpetuando la queja, el victimismo, el enfado, la tristeza o el conformismo. Qué maravilla (modo ironía on).

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Pero, si las mujeres han sido educadas para que los demás las acepten, los hombres tienen que lidiar con todo lo contrario. Desde niños los orientan al éxito, la fortaleza física, el machomanismo, la competición, todos los estereotipos masculinos que les someten a la presión desde niños para alcanzar el NUMBER ONE. Que cansa sólo de pensarlo.

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De modo que si nosotras crecemos con MIEDO A SER y ellos viven con todo lo contrario, MIEDO A NO SER.
Y el MIEDO queridos, es la antítesis del AMOR.
Te estás queriendo poco y mal cuando:

  • Te da reparo hablar de tus logros.
  • Te comportas acorde a lo que los demás esperan de tí.
  • Te comparas con el resto del mundo.
  • Haces las cosas buscando el reconocimiento externo.
  • Temes la no aprobación de los demás.
  • Quitas importancia a las cosas que para tí son importantes.
  • Te fustigas y descalificas en un diálogo mental eterno.
  • Temes decir lo que piensas, no vayas a crear un conflicto.
  • Te cuesta decir que no, aunque no te apetezca nada eso a lo que dices que sí.
  • Te justificas, te justificas, te justificas. Y así, sin fin…

Y la verdad no me extraña, si desde niños crecemos oyendo mensajes del tipo… “No hables mucho de tí, que vas a parecer una engreída”, “Sé buena”, “Mira qué bien se porta/come/notas saca/etc… tu hermano/a”, ” Tienes que ser el mejor”, “Si vas así vestida, ¿qué van a pensar de tí?”, “Eso no es nada” o su variante “Eso es una tontería”, “Tienes el cuarto desordenado, ERES un vago”, “Calladita estás más guapa” y un sin fin de burradas más que nos dejan el autoamor hecho un asco.

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La buena noticia es que si la desestimación se aprende, el empoderamiento y la autoestima ¡también! Por tanto…

  • Atrévete a brillar: Sal de casa cada día como si fueran a hacerte un homenaje y acepta los cumplidos con un gracias. Y ¡nada más!
  • Empieza a apuntar las pequeñas cosas que te han hecho sonreir durante el día, en un diario, en las notas del móvil, en un blog… escribir ordena nuestra mente y nos ayuda a darnos cuenta de trivialidades preciosas que nos pasan desapercibidas y nos alegran la vida. Crea una lista de cosas que te hacen feliz y proponte hacerlas al menos, una vez por semana.
  • Empieza a moverte, sal a correr (si es rodeado de naturaleza, mejor). El deporte activa la producción de serotonina, dopamina y endorfinas, como un enamoramiento pero sin efectos colaterales. Si no te sientes en forma empieza corriendo sólo una canción y camina la siguiente. A la semana corre dos y anda una. Cuando puedas correr cinco canciones seguidas serán 30 minutos y un subidón. photo-1526681566946-7691ebff5724
  • A la hora de tomar una decisión, párate y hazte esta pregunta: ¿la tomo desde el quiero o desde el debo?, ¿estoy haciendo esto para evitar un rechazo? Si la respuesta es sí, di NO. Y dilo varias veces hasta que te salga natural.giphy6
  • Haz una lista de lo que más te gusta de tí y poténcialo. Anota también tus puntos débiles (una sana autoestima acepta las limitaciones, trata de cambiar lo cambiable y aceptar lo que no. Y ¡ríete de ello!).
  • Lee a tus criaturas cuentos como estos, que les ayudarán a crecer sabiendo lo maravillosos que son y que ya llegaron enteros a este mundo. Y de paso, te ayudarán a tí a recordarlo.

YO VOY CONMIGO, de Raquel Díaz Reguera. Editado por Thule.

 

Por Martín se quita sus coletas, sus gafas, su sonrisa y hasta los pájaros de la cabeza. Deja de quitarte partes de tí por otra persona, o cuando quieras darte cuenta serás invisible.

OREJAS DE MARIPOSA. Luisa Aguilar. Ilustrado por André Nevés. Kalandraka.

 

Tengo orejas grandes y me gusta como soy. Así de contundente se muestra nuestra Mara, cansada de justificarse por ser diferente ante el mundo. Un himno a la autoaceptación.

  • Llama a ese amigo/a que te hace sentir on top y te recuerda lo genial que eres cuando te rodeas de quién sabe apreciarlo. ¡Viva la friendsterapia!

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  • Léelas a ellas, son brillantes e inspiradoras y te suben la moral. Si después de leer esto de la hilarante Sol Aguirre (¡viva la Solterapia!) no te sientes un poco fabulosa es que necesitas seguir leyendo artículos como éste.

ASÍ QUE CONTINUARÁ…

“Amarse a uno mismo es el comienzo de una aventura que dura toda la vida”.
Oscar Wilde.

2 comentarios de “Érase una vez el amor propio”

  1. Lo bueno de haber sido invisible es que ahora aprecio mucho más cada rasgo, cada color, cada matiz de mi yo que me enamora, sin rozar el egoísmo o la vanidad, aceptando las bellas cicatrices que el tiempo ha tatuado en mi alma. Leerte y aprender. Leerte y seguir haciéndome preguntas, ahora que la era de las respuestas ha comenzado.

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