Pequeñas cosas que hacen que la vida sea inmensa

Final de la entrevista con la madre de un niño que me derivan por problemas de conducta (sí, en el 95% de los casos que veo, son las madres las que acuden a las reuniones del cole):
— Bueno y tú, ¿cómo estás?
— ¿Quién?, ¿yo?, ¿o el niño?giphy7

— Tú, tú. He dicho — Suelo preguntarlo porque, aunque cueste creerlo, y no debería costar tanto, el estado emocional de los padres influye en los hijos y en cómo modulan sus conductas. Ahondaremos en este tema, que da para otra entrada y de las largas, pero si cuando tú discutes con alguien no tienes la cabeza ni para hacer un sudoku, ellos para estar en clase atendiendo, tampoco.
— Bien… bueno, regular, cansada… lo normal.

(Ahí, dando por hecho que estár “pal arrastre” es lo normal. Y sigo).
— Y, cuéntame, ¿te estás cuidando?, ¿haces cosas para tí, que te hagan sentir bien?

Llegados a este punto, las reacciones son de lo más dispares y van desde un leve carraspeo a unos ojos que se empañan.
— ¿Cosas para mí?, ¿cómo qué?, ¿ir al cine o al gimnasio? Debería hacerlo más, la verdad… pero no encuentro el momento…
— Un cine, una escapada… en su defecto, un masaje, una pelu, un paseo SOLA… ya no te digo si vas al gimnasio…
— Uf… yo es que ESAS COSAS ya no las hago…

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ESAS COSAS: dícese de aquellas cosas que nos dan la vida.

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Puede parecer que esta conversación es algo esporádico o casual pero no. Resulta que, la mayor parte de madres que entrevisto, se han metido tan de lleno en esa espiral que es la crianza que se han olvidado de lo que era disfrutar.
Y tú, ¿cuánto hace que no practicas el maravilloso arte de vivir?
Para todas aquellas amnésicas y/o principantes, hoy comparto mi particular listado de pequeñas cosas que hacen que la vida sea inmensa. Hace no tanto que me he autoprescribí uno de estos placeres a la semana, y poco me parece pero, seamos realistas, a veces la vida no nos da para más. giphy12
Lo ideal es crear tu propia lista de maravillas cotidianas (o no tan cotidianas), pero mientras encontráis el hueco, podéis empezar haciendo cosas parecidas a éstas:


– Un baño caliente en invierno, con velitas y shhh…ilencio.
– Un masaje. O mil.
Hacer el muerto en el agua, preferiblemente en el mar, pero la piscina también sirve.

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– Una copa africana (chocolate, stracciatella, nata montada, conguitos y sirope, toma ya!). Cualquier cosa con chocolate.
– Aprovechar la lluvia para dejarlo todo medio hacer sin culpas y envolverte en una manta en el sofá. Los niños también pueden participar de este gran placer.
Desayunar en cafeterías.
-Los trayectos en tren.
– Una cerveza bien fría con pataticas y encurtidos.
– Salir a correr. Más bien la sensación tan genial que tienes después de correr. Porque el momento de salir aún no…
Pasear por el monte.

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– Un baño al atardecer con el mar en calma. Si vengo de correr, mejor que mejor.
– Ponerme en el coche el programa de radio que nunca puedo acabar de oir de noche, porque me duermo.
– Zambullirme en un libro y sentir cosas que ya he vivido, o que nunca viviré. O quizá sí, ¿quién lo sabe?…
– Un cola cao caliente.
Quedar para nada en especial y arreglar el mundo.

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– Cualquier tipo de ensalada, el gazpacho, la paella, la comida hindú, …, la cocina con amor.
– Ponerme una mascarilla. Flipo especialmente con ésta.
– El viento en mi cara cuando voy en bici.
Cocinar porque quiero.
-Planificar mi próxima escapada, zambullirme en la búsqueda del alojamiento perfecto y hacerme una lista de las cosas que llevaré.

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– Probar mil perfumes, decantarme por uno y empezar nueva etapa con él. Y después asociar cada momento a un olor.
– Pasear por la huerta con mis perros.
-Disfrutar del paisaje cuando voy de copiloto.

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Estrenar modelaje.
– Caminar por la ciudad con los auriculares puestos y sentirme dentro de un vídeoclip, como buena flipada soy. Sentir el poder energizante de la música.
Bailar y cantar en cualquier momento y lugar. Mi último baile: sacando a mis cachorros del coche, mientras aún sonaba este temazo en el garaje vacío (o, al menos, eso espero) . Es mi particular forma de sobrellevar la animadversión a los cierres de seguridad de las sillas de niño.

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– Un peeling con azucar y miel. Con un poco de suerte el ritual completo de Happy Buddhha de Rituals, con ese gel en espuma que dura una eternidad.
– Ir al cine. Incluso al cine de verano, a pesar de esas sillas que se te clavan en la espalda. No hay mal que por un bocata de atún con tomate no venga.
Escribir. Cartas, un diario, cuentos, este blog. Escribid.


POSOLOGÍA: Al menos un pequeño placer, una vez a la semana.
DURACIÓN: Indefinida.

Y ahora sí… crea la tuya y ¡A DISFRUTAR!

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2 comentarios de “Pequeñas cosas que hacen que la vida sea inmensa”

  1. -Madrugar para oir los pájaros mientras la luz del día va creciendo y yo escribo o, como hoy, leo una maravillosa entrada en este blog.
    – Sentarme media hora en un banco a ver el mar, aunque haya dejado las camas sin hacer.
    – aprender nuevos idiomas, aunque sea de forma autodidacta, aprovechando cualquier ratito que te regala la vida vertiginosa a todo gas.
    -parar y sonreir, a la gente, a otras madres, a la vida, al espejo.
    -hacer fiestas porque sí, aprovechando cualquier cosa que te guste: Eurovisión, el año nuevo chino, San Juan, final de masterchef… y disfrutar decorando el salón para que vengan los tuyos (porque gracias a Dios estamos todos pero el día de mañana no será así).
    -Perdonar y perdonarte a ti mism@. Reconocer los errores y disfrutar de lo que hemos aprendido de ellos.
    -Esporádicamente salir de la rutina e improvisar una locura con tus hijos. Dejarles sentir la lluvia, ir a buscar la nieve, levantarlos de madrugada para ver el amanecer desde un lugar bonito.
    – Mirar tu ciudad. Cuando viajamos solemos fijarnos en mil cosas de ciudades ajenas y después desconocemos rincones y detalles que pasamos de largo a diario. Y nos los perdemos. Mirar a la gente. Imaginar lo que piensan, dónde van, de dónde vienen.
    -Tratar a cada persona como te gustaría que te trataran a ti. A amigos y conocidos. Dar los buenos días, las gracias, desear una buena tarde. Decir te quiero a los que quieres. Aunque suene a coletilla, porque cuando lo dices de veras se nota. Decir te quiero a tus hijos mil veces al día. Abrazar…
    – Las mascarillas… ommm… en eso coincudimos. Bueno, en eso y mil cosas más.
    – Cantar y tocar un instrumento. No conviertas tu guitarra o tu piano en un mueble atrapapolvo.
    – Caminar descalza (cuando tu hija no te ve, para que no te imite, aunque en realidad la entiendes y te encanta)
    – Sigue tu instinto. Los consejos siempre son bienvenidos pero deja que tu yo interno te hable y te de respuestas, a menudo distintas a las de los demás. Busca tu originalidad y ámate tal como eres.

    Y aquí lo dejo porque ya toca comenzar el día, la semana… Disfruta de cada comienzo pero sin desvincularlo de la continuidad. Porque la vida tiene un principio y un fin aunque la empecemos mil veces. Somos lo que vivimos. Así que, como esta bloggera con alas dice…
    ¡A vivir se ha dicho!

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