Conectar con lo sencillo. Cómo lidiar con el desánimo en proceso de desconfinamiento

Se empieza a hablar de la desescalada del confinamiento y es posible que estos últimos días te hayas sorprendido lidiando con sentimientos de tristeza o nerviosismo.


¿Desconfinamiento y desánimo? ¿No debería ser al contrario?

Sí. Si tuviéramos claro cómo será nuestra vida cuando volvamos a ella. Pero la incertidumbre, el no saber cuándo podremos volver a disfrutar de una comida con amigos o visualizarnos en torno a una mesa con mascarillas, se lo está poniendo difícil a nuestro estado emocional.

Algunos testimonios de padres confinados con los que he tenido la oportunidad de hablar esta última semana lo avalan:

“El baño es el único lugar donde puedo llorar sin que me molesten. Estoy triste, sin ningún motivo en concreto”.

“No duermo bien, me acuesto tarde buscando ese rato para mí y sin sueño. Entonces me da por pensar”.

Nos movemos entre el entusiasmo y el decaimiento. Y es que 40 días encerrados en casa (sobre todo con niños) pueden hacerse muy largos y ahora que vemos la luz al final del túnel empezamos a tomar consciencia de que nos espera un escenario totalmente incierto. Y eso de no controlar las situaciones nos cuesta.

Hace tiempo que entendí que la necesidad de tener el control de todo desgasta, sobre todo cuando se trata de lidiar con situaciones que no dependen de uno mismo. Hay un término que usamos en yoga para hablar de aquello que sucede cuando dejamos ir, de la magia de dejarnos fluir en armonía, se trata de aparigraha o la práctica del desapego.

Aparigraha implica no aferrarse a las expectativas sobre lo que, según tú, debería pasar. Porque, que las cosas tengan que ser de la manera en que las tenías en tu cabeza, es una fuente de sufrimiento. Las cosas son como son, no como queremos que sean o, al menos, no siempre.

Aparigraha es soltar. Let it go, que diría Frozen

Y buscando un título para este artículo me he dado cuenta de que no existe ninguna palabra en nuestro idioma para nombrar eso que sientes cuando conectas con lo sencillo y asumes que nada es perfecto. O que todo es perfecto tal como es.

Esa sensación de bienestar que experimentas cuando simplemente aceptas aquello que no puedes cambiar.

Los japoneses sí tienen una expresión para hablar de ese estado de presencia, del disfrute de las pequeñas cotidianidades, aceptando, sin lucha, el ciclo natural de las cosas. Wabi sabi. Suena bien, ¿verdad? Creo que el lenguaje, como símbolo para representar la realidad, dice mucho de la cultura de un pueblo.

Los suecos también tienen el término “lagom” para describir el gusto de los placeres sencillos, de ese “con esto me basta” que se siente frente a una chimenea con un café.

Portada de “Lagom, el arte de vivir con lo justo”

Y yo, que siempre he creído que las palabras tienen el poder de cambiar el mundo, propongo que, para subir los ánimos de este sprint final, confeccionemos una lista de todas aquellas cosas que nos queda muy poco para degustar, y que nos van a conectar con ese wabi sabi / lagom / aparigraha o como queramos llamarlo. Todas aquellas que, por mucho que cambie la realidad a la que volvamos, seguro que vamos a poder seguir disfrutando. Los niños pueden hacerlo también, si no saben escribir pueden dibujarlas.

Intentad que sean realistas, que no impliquen multitudes o escenarios que van a estar restringidos unos meses. Se trata de poner el foco en todo aquello que seguro, podremos volver a hacer, porque si lo hacemos en lo que no, nos vamos a sentir muy frustrados.

Se trata de soltar todo lo que pudo ser y no será… o al menos no en este momento.
Como mi concierto de Sting.

Descubrirás que lo sencillo también puede ser muy reconfortante.

Lo ideal es que cada uno escriba la suya conectando con sus propias necesidades, pero por si necesitáis inspiración, os dejo algunas de mis “pequeñas grandes” simplicidades por aquí…

★ Voy a volver a correr. A sentir la potencia de mis piernas al ritmo del Elevation de U2, del Feeling good de Muse o de cualquiera de esos temazos que te suben la vibra cuando crees que no puedes más. Y, esta vez, sí, lo voy a hacer dos veces por semana.

★ Voy a invitar a mi familia y amigos a comer (de uno en uno, o de dos en dos) y les voy a deleitar con todas esos descubrimientos culinarios que estoy practicando estos días (lo siento, chicos, es lo que hay, hasta que no abran los restaurantes).

★ Voy una subir una montaña. Una no, muchas. Voy a ir a todos esos rincones naturales de la Región que tengo en mi lista del móvil a los que no he ido por pereza, falta de tiempo o cualquiera de esas excusas que me pongo.

Una de las montañas que subí

★ Voy a hacer un picnic nocturno en la azotea de mi edificio, mirando las estrellas. Y les voy a decir a los chicos que se imaginen que estamos en el desierto. Eso hasta que podamos ir de verdad. Entonces iremos.

★ Voy a tumbarme en la playa en una jarapa gigante a mirar la cara de la luna, porque soy de esas que la ven, y eso es una suerte.

Hay dos tipos de personas, los que ven la cara de la luna y los que no

★ Voy a seguir buscando el encuentro conmigo cada día, a habitarme, para no olvidar todo lo que este confinamiento me ha enseñado.

Con estas sesiones de mindfulness ese encuentro es más fácil al principio

★ Voy a sacar más mi libreta y menos mi móvil. Ahora que todo va a tardar un poco más, pienso escribir en las colas y convertir las esperas en paréntesis.

Prólogo de Isabel Allende en “De amor y de sombra”

★Voy a volver a escuchar mis podcasts y mi música en el coche, ese habitáculo donde a veces paso el único momento de tranquilidad al día, y lo voy a disfrutar muchísimo, aunque haya atasco.

★ Voy a hacer un fuego de San Juan en mi huerta, como cada año. Y a cenar carne a la brasa mientras se quema lo que dejo atrás y le doy la bienvenida al verano y al nuevo ciclo que comienza.

★ Voy a deleitarme con el café de la mañana y a desayunar en la playa, porque me gusta más cuando está vacía y no quema la arena.

Mi último café en la playa

★ Voy a desenterrar mis gafas de bucear y mi barquita hinchable, a meterme en el mar y escucharlo desde dentro al compás de mi respiración en un tubo. Y a disfrutar del frío al sol, en ese estado hipnótico de sedación natural con el que sales del agua cuando llevas un buen rato dentro.

★ Voy a mirar por la ventana los días de tormenta como hoy y a recordar con una sonrisa todos aquellos en los que quise salir volando por ella.

Voy a disfrutar la vida tal como venga, porque solo tenemos una. Y no me la quiero perder.

“Mire, respire, sienta el viento, o el calor, o la brisa, analice las nubes, prediga que va a llover. Y, sobre todo, escuche: no hay sonido más reconfortante y más ignorado que el de la vida cotidiana”.

Instrucciones para mirar por la ventana. Julio Cortázar.

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8 comentarios de “Conectar con lo sencillo. Cómo lidiar con el desánimo en proceso de desconfinamiento”

  1. Gracias Inma, yo creo que tenemos que tener Confianza. Lo que tenga que ser será, Por que preocuparse? Lo que venga será diferente pero no necesariamente peor.

  2. Pues yo he encontrado muchas maneras de conectarme, una, la más importante para mi, estar presente con mis hijos, en mi lugar como madre, otra, en la espera, en el trascurrir, en el dia a día y en la Soledad de la noche, donde el confinamiento se torna si cabe más angustioso, donde afloran los fantasmas, esos que también somos nosotros….otra manera de conectarme….en mi búsqueda de espacio personal a pesar de la difícil tarea de convivir 5 personas (dos “casi adultos” y 3 hijos) muchos ruidos y quehaceres y aún así, conquistarlo (me he creado una especie de despacho en mi habitación, donde a veces trabajo pero está destinado sobre todo a pintar con mis acuarelas, quue han venido para quedarse), también me ha conectado mi terraza olvidada desde antes del confinamiento, infravalorada y a veces despreciada y ahora testigo de la vida que ve pasar (pista de atletismo, patio de colegio, mini huerto, videollamada, taller de reciclaje, aplausos, vino con mis cuñados chiringuito improvisado y fuente constante de inspiración para capturar atardeceres y amaneceres, donde ha caído más lluvia que jamás veremos caer (no sabia que mi casa escondía tantos tesoros) y que ahora alberga mis nuevas plantas que prometo cuidar tanto como espero cuidarme a mi y para terminar me he conectado gracias a descubrir (me) en cada lectura de lo que escribes (me siento muy identificada) así que me siento muy agradecida. Gracias por ponerle palabras a cosas que todos sentimos y que cada vez nos cuesta menos expresar y un poco menos compartir. Un abrazo. Virginia

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