Cómo afrontar los cambios (los que elegimos y los que no) y otras formas de aprender de nuestra sombra

Hace unos días me despedía de los que han sido mis compañeros de trabajo por años entre lágrimas, preguntándome si lo que viene me gustará tanto como lo que tenía, cuando lo que tenía era tan bonito.

Recordé entonces aquella carta que escribí a mis alumnos cuando me fui en mi primera sustitución. En ella les recordaba las palabras de Steve Jobs en un discurso que instaba a esos universitarios que emprendían el vuelo a confiar en algo más grande que ellos mismos. Algo que solo adquiere sentido cuando, pasado el tiempo, volvemos la vista sobre nuestros pasos. Ya que “no se pueden unir los puntos mirando hacia delante, únicamente mirando hacia atrás”.

Discurso de Steve Jobs en Stanford

Y en ese mirar atrás del último año (releer mis diarios ayuda) reflexionaba acerca de los cambios. Están aquellos que eliges y agradeces y luego esos otros que llegan sin avisar. Esos que no te dan la oportunidad de despedirte.

❦ De modo que un día estás recogiendo a tu pequeño de la guardería y merendando con él en el césped, como cada tarde, sin saber que es la última vez que vas a hacerlo y ese el final de una etapa que no vuelve.
❦ Una noche estás hablando con tu tía por teléfono con las piernas en la pared sin ser consciente de que esa será vuestra última conversación.
❦ Una mañana estás contándoles a tus compañeros de trabajo tu teoría del centésimo mono durante el desayuno sin saber que ese será el último café que os tomáis y esa la última chapa que les metes.

Vais a echar de menos mis chapas, que lo sé yo.

Pensaba entonces en todos esos momentos irrevocables que suceden sin que sepamos que nunca más volverán a darse: la última vez que vemos a alguien, ese último mensaje, el instante en que confiamos en alguien por última vez… Y esos son los cambios que más cuestan porque, normalmente no son elegidos. Y, aunque confías en que, como decía el genio de Apple, acaben convertidos en uno de los puntos que conformarán tu mapa estelar pasado el tiempo, mientras eso no pasa, hemos de aprender a aceptarlos.

Aquí, uniendo puntos.

La aceptación es un proceso de dentro hacia fuera y llega cuando entendemos que lo único sobre lo que tenemos control, es sobre aquello que nosotros hacemos, decimos y sentimos. Que no podemos esperar que los demás se comporten como lo haríamos nosotros, solo podemos cambiar lo que depende de uno. Cambiar nuestra perspectiva, nuestra actitud, nuestra forma de reaccionar, de mirar. Cambiar el color de las gafas con las que miramos el mundo.

Este es el mecanismo de los llamados procesos de “separación consciente”. Hay quién todavía piensa que separarse así es sinónimo de llevarte bien con tu ex. Esto no es ni necesario ni es el propósito, es más bien una consecuencia (que puede darse o no), pero que normalmente ocurre cuando aceptas y esa perdida se transforma en una catapulta para crecer. Es lo que pasa cuando SUELTAS.

De modo que, cuando llega el viento del cambio, ese del que hablaban los Scorpions en su canción, tenemos que convertirnos en árbol, enraizarnos fuerte en la tierra y dejar que la tormenta agite nuestras ramas. A veces solo hay que dejar que nos sacuda con el convencimiento de que, una vez que todo pase, seremos infinitamente más fuertes.

Resulta tentador aferrarse a algo que ya no existe como lo conocíamos, a algo que hemos perdido, sea una persona, un tipo de relación, cierto estatus o una forma de vivir (sin mascarilla), pero es necesario soltar y estas claves nos ayudarán a afrontar mejor cualquier tipo de cambio. Sea elegido o no:

ÁMATE: Hace algunos meses me preguntaron “¿crees que se puede ser completamente feliz sin tener pareja?” mi respuesta fue contundente:
—SÍ. Sin embargo me costaría mucho ser feliz sin amor.
—Pero, tener amor y tener pareja, ¿no es lo mismo?
—No, lo primero está dentro, lo segundo fuera.
El amor, como la aceptación, es algo que también surge de dentro hacia fuera. No podemos amar de forma entregada a alguien si antes no nos hemos enamorado de nosotros. Y esa entrega implica atrevernos a brillar, conocer que nos mueve, cuáles son nuestras fortalezas y también nuestros defectos. Aceptarlos y reírnos de ellos. Saber tanto de nuestra luz como de nuestra sombra. Nada nos enseña más que nuestra sombra. Lo que nos lleva directos a la siguiente clave… no tengas miedo de sentir.

SIENTE. No pasa nada por estar triste, no pasa nada por tener miedo, no pasa nada por llorar, es que es normal, se llama duelo y nos ayuda a recomponernos tras una pérdida. Yo no creo que sentirte vulnerable sea sinónimo de ser débil, de hecho creo que hay que ser muy fuerte para mostrarse vulnerable. Y no hay iniciación más profunda que la que se deriva del dolor.
El problema es que confundimos lo de ser felices con estar siempre contentos y no, no es lo mismo. Entonces huimos del dolor. Evitando tomar decisiones que duelen pero que nos conducen a una vida más plena.
En yoga hablamos del dolor y la tensión inicial que hemos de atravesar para dominar una postura y que aparece cuando no la entendemos aún y la forzamos. Entonces el cuerpo crea una resistencia, nos avisa.
Durante un asana hemos de prestar atención al dolor físico para saber qué nos está diciendo, qué es lo que estamos forzando. Nos obliga a estar presentes, aunque ese presente sea difícil de soportar a veces. El dolor emocional también nos habla, si nos atrevemos a preguntarle.
El yoga nos enseña a conectar con nuestra felicidad aunque no estemos especialmente cómodos.

El yoga nos enseña a vivir con cierta dosis de incomodidad.

DATE: Amarse y gustarse no es lo mismo, te puede gustar cómo eres pero has de sentir que mereces todo lo bueno que te pase. Por eso es importante aprender a darnos. No tienen por qué ser cosas materiales, tengo una nota en el móvil que se llama “Cosas que me hacen ilusión” y en ella hay desde una vela de olor hasta subir a la catedral pasando por un potingue, un masaje o un helado del Häagen Dazs. Pero no podemos darnos si no sabemos qué nos conecta con nosotros y nuestra felicidad, para ello…

CONÓCETE: El autoconocimiento es el primer paso para practicar el autoamor. Una manera sencilla de conectar con nuestras necesidades es atender a aquello que solemos reprochar y quejarnos a los demás. “Es que no me escuchas”. Escúchate. “No tienes detalles conmigo”. ¿Los tienes tú contigo mismo? “No tengo tiempo para nada”. ¿Te permites parar? “No me valoras lo suficiente”. ¿Te estás valorando tú? Atiende tus quejas y asume el compromiso de darte aquello que quisieras que te diera otra persona. La plenitud llega cuando aprendemos a autoabastecernos de aquello que necesitamos.

Lo que se siente cuando no te hace falta nada más (porque te lo concedes) se llama PLENITUD.

Afronta los cambios desde tu YO ADULTO. Desde la psicología transaccional, frente a una determinada situación, podemos posicionarnos desde tres posibles roles. Podemos afrontar la incomodidad de un cambio y la toma de decisiones desde nuestro YO NIÑO, que se queja y se siente indefenso ante la vida adoptando un rol de víctima. Desde el YO PADRE, que critica, exige y espera que los demás se comporten como él espera o desde el YO ADULTO, que es realista, sereno y objetivo. Estos tres estados de nuestra personalidad son necesarios, pero hemos de saber contextualizarlos. Sacar al YO NIÑO cuando estás jugando con tu hijo o de vacaciones en la playa es beneficioso y necesario, pero posicionarnos desde este rol ante una situación de conflicto nos puede llevar a no asumir nuestra responsabilidad en lo que nos ocurre y que depende de nosotros para cambiar una situación que no nos gusta, perpetuándonos en ella.

El YO NIÑO nos conecta con la diversión, el aquí y el ahora, pero espera que resuelvan por él.

BUSCA APOYO EN PERSONAS QUE TE INSPIREN CONFIANZA. No nos vale cualquiera, puede ser un amigo, familiar, pareja o terapeuta, pero es fundamental que sea digno de nuestra confianza. Y confiar en alguien es algo más simple y más profundo que saber que nos guardará un secreto o será fiel a una promesa. Confiar en alguien es sentir que puedes decirle cualquier cosa que se te ocurra y no te va a juzgar ni a utilizar eso para hacerte daño. Es saber que puedes ser tú con esa persona y es la base de cualquier relación sólida.

La confianza es saber que puedes decirle al otro cualquier cosa que se te ocurra y no lo utilizará para dañarte.

TOMA DECISIONES. Los cambios elegidos a veces también cuestan, el miedo a equivocarnos nos bloquea. Ojalá la vida fuera como aquellos libros de “Elige tu propia aventura”. Si eliges hacer ese viaje ve a la página 97. Si decides quedarte cómodamente en tu sofá pasa a la página 230. Pero no. Esto va de tomar decisiones. Si las tomamos alineadas con nuestra forma de ser, sentir y aquello que es importante para nosotros, aunque las cosas no salgan como pensamos, el desenlace siempre será un aprendizaje y será difícil que podamos arrepentirnos. Así que, a la hora de tomar una decisión, pregúntate, ¿cuáles son los principios más importantes para mí? Tomando esta decisión, ¿estoy siendo fiel a eso que me define? Tranquilidad, honestidad, conexión con la naturaleza, autenticidad, libertad… Elige los principios que han de regir tu vida y decide qué te acerca a ellos y qué te aleja. Cada desenlace es un nuevo comienzo. Las orugas te dirán que es el final, pero tú sabrás que es el comienzo de una nueva y maravillosa vida alada, esta vez como mariposa.

AGRADECE. Quédate con lo bueno. Siempre. La memoria es un acto creativo de atención, codificación y evocación. Cuando evocamos un recuerdo, lo estamos reconstruyendo y volviendo a guardar. No se trata de contarnos falsedades sino de soltar lo que nos lastra y quedarnos con lo que nos aporta. Y es que ya lo decía García Márquez, que “la vida no es la que vivimos, sino como la recordamos para contarla“.

DESARROLLA UNA “MENTE BONDADOSA“: Mucho se habla de cultivar el autoamor como pilar de una vida armoniosa pero los experimentos en materia de felicidad constatan que desear el bien a los demás nos acerca más a ella. Para Matieu Ricard o el que dicen es el hombre más feliz del planeta no se trata de “buenismo” sino de necesidad. El altruismo activa la zona del cerebro relacionada con el bienestar así que, cuando pensamos en el “bien común” vivimos una vida más plena.

No elegimos todo lo que nos ocurre pero sí qué hacemos con ello. Ser consciente de esto y ponerlo en práctica nos otorga un inmenso poder que, a su vez entraña una gran responsabilidad que no todo el mundo está dispuesto a asumir. Requiere de valentía.

De modo que, aunque todo cambie, cada nuevo día tenemos la oportunidad de elegir la vida que queremos vivir.

Así es como yo lo veo y esta la vida que yo elijo. Y suena a risa desbocada en un coche de camino a la playa con “There she goes” sonando a toda pastilla.

Feliz verano.

Allá vamos…

6 comentarios de “Cómo afrontar los cambios (los que elegimos y los que no) y otras formas de aprender de nuestra sombra”

  1. El primer paso es siempre el más importante, si bien nunca sabes dónde te llevará…lo más importante es afrontar las nuevas situaciones con ilusión y valentía y sabiendo que dejamos en el camino personas maravillosas y que vamos a conocer a otras también maravillosas.
    Yo este curso he cambiado de centro( después de 14 años) y mis hijos de cole e instituto. El balance para los tres ha sido muy muy satisfactorio y un gran a aprendizaje. Sólo es necesario ser abierto de mente para poder aceptar los cambios, ser conscientes que a veces pueden surgir dificultades y que confiar en que con amor todo se supera.
    Mucha luz en tu nueva etapa.
    Carmen María Baños.
    Compañera orientadora Eoep Murcia 2.

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