Cómo afrontar el divorcio cuando hay hijos

De cada cinco niños que evalúo, tres son hijos de padres divorciados o en proceso. Y cada vez con más frecuencia, éstos me piden hacer la entrevista por separado por las dificultades de comunicación entre ambos.

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No fue el caso de los padres de Jon esta semana, que vinieron juntos a la entrevista. Querían orientaciones ante la bajada de rendimiento escolar del niño y los problemas de conducta que había empezado a manifestar en casa.

“La culpa me ahoga… todo esto no estaría pasando si nosotros no hubiéramos decidido separarnos. Y despedirme de él cada semana me mata”. Me decía ella…
La charla que mantuve con ellos y mis dificultades para encontrar información útil al respecto me animaron a escribir este artículo. No es un tema fácil, ni agradable. Quizá por eso no se escribe mucho sobre ello. Pero considero que es necesario.
Como siempre, la información que comparto está basada en mi formación pero, sobre todo, en mi experiencia como orientadora, como madre y, en este caso, también como hija. Por tanto aviso, desde ya, que es un tema delicado del que cada uno va a tener su propia opinión pero, independientemente de esto, hay ciertas cosas avaladas por investigaciones científicas como:
⇝ Que el divorcio de los padres tiene un impacto emocional en los hijos y, aunque el hecho en sí mismo no pueda considerarse como causa de problemas psicológicos, sí que puede ser un factor predisponente a determinados riesgos (Vangyseghem y Appelboom, 2004)
⇝ Que estos efectos negativos son más intensos al principio pero que también pueden repercutir en la psique de las personas en la edad adulta (Judith Wallerstein).
⇝ Que, con frecuencia, los niños somatizan el estrés del conflicto a través de manifiestaciones físicas y comportamentales que no son tan evidentes como el simple llanto y que van desde un dolor de barriga a despertares nocturnos, pasando por irritabilidad o rebeldía o ¡todo eso junto!
⇝ Que, durante el proceso de divorcio, se pueden producir bloqueos emocionales que repercuten en la capacidad del niño para aprender.

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Después de leer todo esto puede que te estés planteando darle una segunda oportunidad a tu matrimonio. No digo que no debas dársela (una, dos… las que consideres necesarias) pero, en mi opinión, los hijos nunca deben ser LA ÚNICA RAZÓN para mantener una pareja y, con permiso de la Sra. Wallerstein, no creo que el divorcio en sí sea lo que traumatiza a un niño, sino la forma de gestionarlo.

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Y yo, que soy optimista por naturaleza y me gusta mirar el lado bueno de las cosas me pregunto: ¿por qué poner el foco en aquellos niños del estudio que acaban traumatizados y desarrollando patologías en la edad adulta?, ¿por qué no ponerlo en aquellos que, una vez digerida la situación de cambio, incluso aprenden de la experiencia de sus padres y se enriquecen de la misma?, ¿qué factores marcan la diferencia entre unos niños y otros? Quizá de esta manera podamos replicar estas situaciones.
Por otro lado, poco se ha estudiado el efecto de crecer con unos padres que no se quieren y no se respetan pero que siguen juntos por el supuesto “bien” de sus hijos…

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Lo que les trasladé a los padres de Jon el otro día fue que, como hija de padres separados, me costó un poco asumirlo al principio, pero no me ha marcado a fuego de por vida. Y no sería quién soy sin mis heridas, sin mis aprendizajes, que son los que me han traído aquí hoy. Y hoy me siento orgullosa de unos padres que:

  • Se procuran el bien el uno al otro. Que se siguen mandando caldos y bolsas de fruta.
  • Que hablan con respeto del otro cuando no está para oirlo. “Cuida a tu madre, ella siempre os ha cuidado muy bien” o “tu padre tiene muy buen corazón” son mensajes que oigo con frecuencia.
  • Que siempre han priorizado el bienestar de sus hijas al suyo propio, no pisando las decisiones del otro sobre nuestra educación y valorando nuestra opinión sobre dónde y con quién vivir.
  • Que nos han hecho sentir lo más importante de sus vidas.
  • Que lo material no ha sido motivo de confrontación entre ellos.
  • Que seguimos compartiendo situaciones y eventos familiares como familia que somos.


Conozco matrimonios que no se respetan tanto como mis padres separados. Sé que nunca es fácil. Para mí tampoco lo fue. Pero al final, como todo, es una decisión nuestra convertir la ruptura en una batalla que marcará la infancia de nuestros hijos o en un aprendizaje, en una oportunidad para enseñarles a manejar conflictos.
No creo que llegue nadie a dominar del todo el arte de divorciarse bien pero, al menos, intentemos que sea lo menos doloroso posible siguiendo algunas pautas parecidas a estas:
✓ Trata de ensalzar las virtudes del otro (vale, esto al principio es muy complicado, así que, si no puedes hablar bien de tu ex-pareja, simplemente no hables de ella). Sabemos que hay dolor, pero es su padre/madre, no quiere que le cuentes lo mal que te lo ha hecho pasar. Eso sólo consigue hacerle sentir culpable por quererle. Desahógate con tu mejor amiga pero no le hagas tomar partido por uno de los dos.
Sed un equipo con una meta común: convertir a vuestros hijos en su mejor versión. Así que llegad a acuerdos sobre la forma de educar y aplicad normas coherentes y en la misma dirección. Si con mamá no usan en móvil en la mesa, con papá tampoco. Tratar de ganarte así su cariño os debilita a ambos y perjudica al niño.
Quiérete. Cuídate. No te juzgues. Si lo necesitas, acude a terapia. Nadie nos prepara para ser madres a tiempo parcial, es algo que no se elige. Trata de llenar los días de ausencia con algo que te enriquezca, quizá sea el momento para hacer ese curso de pintura o apuntarte a yoga. Sin culpas. Y si un día consigues disfrutar viviendo esta escena… 

en vez de esta otra…

no te juzgues por ello.

Respeta “el duelo” de los hijos y las fases por las que debe pasar. Primero habrá negación, no lo ha asumido aún y tiene la esperanza de que volváis. Tras la rabia llegará la tristeza y más tarde la aceptación. El momento de conocer a la nueva pareja llegará cuando estén preparados, no antes. Tampoco impongas figuras parenterales. Todo se dará… a su debido tiempo.Normaliza la situación. Piensa que hay muchos padres y madres que, por sus trabajos, aún estando casados, viajan y pasan muchos días seguidos sin ver a sus hijos. Y ellos se adaptan y no lo perciben como algo traumático si nosotros conseguimos normalizarlo.
Acepta sus emociones, sean cuales sean. Valídalas. Tradúcelas. Si se enfadan es lícito. Si están tristes están tristes, no sirve de nada enmascararlo. La tristeza nos ayuda a conectar con nosotros mismos para afrontar cambios y pérdidas. Tienen que pasar por ella para transitarla.

Sed flexibles en la medida que sea posible, aunque todo se estipule en un convenio regulador milimétricamente trazado. Si la custodia es compartida, valorad la opción que menos perjudique al niño, si son aún muy pequeños, puede que pasar una semana sin ver a sus padres se le haga muy tedioso. No convirtamos a los niños en un arma arrojadiza para hacer daño. Tienen derecho a disfrutar de ambos.
✓ Aunque el proyecto de pareja se ha ido al garete, para ellos seguís siendo SU FAMILIA y así debeis transmitírselo. Aunque ahora lo veas como algo lejano e impensable, quizá en el futuro podáis seguir compartiendo y celebrando momentos juntos.

Me gusta pensar que, pase lo que pase, una familia sigue siendo parte del mismo árbol, aunque tenga distintas ramificaciones.

Marthin Luther King decía que, aún sabiendo que el mundo se acabara mañana, hoy plantaría un árbol. Y es que cuando se sueña con un mundo mejor, cualquier momento es bueno para mejorarlo.

Un divorcio, también.

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