Los animales como motivadores del aprendizaje: la educación asistida con perros

Hace poco leía de un colega de profesión (compañero, amigo y mentor) los recuerdos de su maestro. De cómo, siendo niño, su mente se iba de paseo mientras Don Francisco, que así se llamaba, escribía nombres de lugares remotos en la pizarra (puedes leer el artículo completo pinchando AQUÍ).
Hablaba de la incomodidad que le producía estar sentado mucho tiempo, atendiendo a los mismos estímulos… De cómo Don Francisco se percataba de ello y le encomendaba ir a alimentar a los pájaros Teca y Pica, permitiendo a aquel niño y a su mente, un rato distendido para volver a clase con otro talante, más positivo y dispuesto a atender.

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Años más tarde este niño se convirtió en maestro y después en orientador. Uno de esos que mira a los ojos de los niños, que se ocupan en saber cómo pueden ayudarle porque no olvidan que un día también ellos lo fueron. Y me pregunto qué hubiera sido de mi amigo si Don Francisco no hubiera tenido esa sensibilidad para entender cómo funcionaba esa pequeña mente creadora.
Aquel profesor sabía que Teca y Pica sólo eran un pretexto para provocar un cambio en el estado mental y anímico del joven. Y funcionaba.

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Hoy os quiero hablar sobre la introducción de animales, sobre todo de perros, que es sobre lo que más se, en los entornos terapéuticos y educativos, y lo voy a hacer, como siempre, basándome en mi formación pero, sobre todo, en mi experiencia.
¿QUÉ ES?
En 2004 Tucker definió la terapia asistida con animales como una “modalidad de tratamiento terapéutico dirigida por un profesional en la que un animal, que cumple determinados criterios, forma parte integral del proceso. El especialista documenta, marca y evalúa los objetivos específicos del tratamiento, con el propósito de fomentar la mejoría en el funcionamiento físico, social, emocional y/o cognitivo de los usuarios”.
El concepto de terapia asistida con animales, inicialmente usada en el ámbito clínico, se ha extendido a diferentes áreas (educativa, social…), de ahí que en últimos años se haya pasado a hablar de intervención asistida especificándose el ámbito dónde se lleva a cabo. De esta especificación surge recientemente el concepto de “Educación asistida con perros”.

Luck y un alumno
Hemos de distinguir este tipo de intervenciones de la mera práctica de actividades asistidas con animales, donde los avances no son necesariamente registrados y no existen unos objetivos concretos marcados por un profesional. Puede ser, por ejemplo, que lleves a tu perro los domingos a una residencia de ancianos para que jueguen con él porque sabes que les reconforta. Es una actividad gratificante que seguro tiene múltiples beneficios pero no hay objetivos predeterminados que sean susceptibles de ser comprobados con veracidad. No hace falta estar cualificado para ello y cualquiera puede llevarlo a cabo con el consentimiento oportuno.
La intervención asistida con animales requiere de un guía o entrenador canino que supervisa al animal y de un especialista en el área a intervenir que establece los objetivos que se persiguen (psicólogo/maestro/logopeda/trabajador social…). Estos profesionales pueden ser la misma persona si tiene la formación adecuada para ello, por ejemplo, un psicólogo o un maestro con el título homologado de educador o adiestrador canino profesional.
POR QUÉ FUNCIONA

  • Porque las investigaciones en neurociencia nos cuentan que los niños aprenden mejor cuando se activan variables como la alegría, la curiosidad y el factor novedad. El perro para ellos es todo eso, despertando el interés y la motivación.

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  • Porque es una metodología muy versátil y se puede adaptar a cualquier tipo de objetivo que persigamos.
  • Porque existen infinidad de referencias teóricas que relacionan el contacto con los animales y, más concretamente, con los perros (por ser el animal cuyo vínculo con el ser humano ha sido tradicionalmente más estrecho) con el bienestar en general.

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  • Porque favorece la socialización (Davis, 2000). Lo podemos ver en el parque, donde acuden personas con su perro que crean estrechos lazos con otras personas que también pasean a su mascota, lo que da lugar a la formación de grupos. Normalmente las conversaciones en estos lugares giran en torno al can y el primer contacto y los sucesivos se establecen de una manera muy natural.

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  • Porque el niño siente que puede centrarse en algo que no es él mismo y sus problemas. Para Davis, los individuos con problemas y baja autoestima tienden a centrarse en sí mismos y las interacciones con perros les ayudan a centrarse más en su entorno, mirar al animal y hablar sobre él.
  • Porque mejoran las actitudes hacia la escuela facilitando el aprendizaje de responsabilidad, respeto y empatía (Anderson y Olson, 2006).
  • Porque reduce el estrés. El contacto con un perro con el que se ha establecido un vínculo afectivo se ha relacionado con una serie de parámetros fisiológicos, en concreto, con la liberación de oxitocina (hormona relacionada con el placer) y endorfinas (neurotransmisor relacionado con el bienestar y con la reducción de los niveles de cortisol en sangre, indicador fisiológico del estrés).

¿Es maravilloso o no?

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Lo es. Pero para que funcione, es necesario tener en cuenta una serie de factores.
LO QUE DEBEMOS TENER EN CUENTA

  • La aptitud del perro de terapia: Además de las condiciones mínimas de higiene (bañado, cepillado, desparasitación y control analítico) el perro debe ser considerado APTO PREPARADO, es decir, tener un temperamento adecuado para la terapia. Esto no es sólo que se comporte adecuadamente, tiene que disfrutar de la compañía de niños y tener adquiridas una serie de habilidades a través del entrenamiento.

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  • El vínculo de confianza mutua perro-guía: para que este binomio funcione y las sesiones sean gratificantes tanto para los niños como para el animal, la relación can-adiestrador ha de estar basada en la plena confianza. Los niños pueden echarse encima del perro y gritar, el ambiente puede ser estresante a veces pero el animal mira a su guía y confia en él. Y disfruta haciendo su labor. El educador debe ser honesto, saber qué perro tiene y hasta donde le puede pedir, atendiendo a las señales que manda.
  • El papel del vínculo emocional niño-perro: La intervención funciona porque el perro crea un lazo con los niños. El Observatorio de la Fundación Affinity, en colaboración con la Universidad Autónoma de Barcelona, demostraron en un estudio que 8 de cada 10 niños preferían jugar con su mascota antes que con los videojuegos. En este estudio también se evidencia que, en los más pequeños, los lazos afectivos con el animal de compañía son los que mejor les hacen superar las emociones de miedo o tristeza, pues el niño recurre de forma habitual a su mascota para abrazarla y encontrar alivio ante situaciones adversas.

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  • Profesionalidad y prevención de riesgos. Es importante que este tipo de intervenciones las realice un profesional con titulación homologada, que tomará una serie de medidas preventivas previas para evitar:

✓ Zoonosis: fácilmente prevenibles con una higiene y controles adecuados.
✓ Reacciones alérgicas o fobias específicas: Con el debido asesoramiento médico y el control del niño, éste puede realizar actividades como, por ejemplo, ir de excursión a una granja escuela, ¿por qué sería diferente en este caso?

✓ Agresiones: que evitamos con una buena elección del perro de terapia (profundizaremos en ello en próximas entradas) y un adecuado entrenamiento. Además, es fundamental dotar de conocimientos mínimos previos a los usuarios en las primeras sesiones y contacto con el animal sobre el perro para evitar así la humanización que se hace de ellos.
ALGUNAS EXPERIENCIAS EDUCATIVAS RECIENTES
En este enlace puedes ver un ejemplo de un programa de intervención asistida con perros en el ámbito educativo:

ORIENTACAN: Un programa de educación asistida con perros
Y ¿cómo empezó todo?
Empezó en un sitio mágico, al que acudo cada vez que la prisa o el hastío de esta sociedad que hemos creado me aturde… y descubrí que no importaba lo que me hubiera llevado allí ese día, que siempre se acababa diluyendo en el abrazo de mis perros y mis árboles.
Más tarde descubrí cómo aunar mi amor por la naturaleza y mi trabajo como psicóloga y decidí formarme como educadora canina para hacer intervención asistida con animales. Porque si me funcionaba a mí, seguro que funcionaba con los niños, tan sensibles y conectados con lo natural.

CHISPI
Y así surgió Amaltea. Los principios no suelen ser fáciles, e introducir perros en un contexto donde habitualmente no se permiten, en un momento en el que no se sabía demasiado sobre los beneficios de la terapia animal, era todo un reto. Más tarde descubrí que la sonrisa de esos niños, sobre todo de aquellos que no suelen sonreír en esos entornos, merecía la pena el esfuerzo.
Y dando pequeños pasos vamos construyendo.

Seguiremos contando.

“La normalidad es un camino pavimentado. Es cómodo para caminar, pero no crecen las flores en él”. Vincent Van Gogh.

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