Dejar de hacer: un arte y (en confinamiento) una necesidad

Que mis hijos eran intensos, yo ya lo sabía. Pero, ahora, confinados, esa intensidad se ha elevado a la enésima potencia haciendo que compaginar cualquier actividad con su crianza sea poco menos que una proeza.
Desde hace tres o cuatro días han aumentado…

Las rabietas.

Las demandas y quejas.

Las trifulcas.

Los míos no son tan delicados…

Disminuyendo en ellos lo que los psicólogos llamamos “umbral de tolerancia a la frustración” que es, ni más ni menos, que el límite de aguante que tiene una persona para sobrellevar que las cosas no salgan como esperaba. 

Estos días parece que se les ha roto el termostato de regulación emocional. Y todo esto tiene su explicación. 

En artículos como este ya hablábamos del efecto que tiene en nosotros el alejamiento de los entornos abiertos y naturales…

Pero esta especie de experimento sociológico, que es vivir confinados, me ha hecho profundizar en el tema, descubriendo que el comportamiento de los mamíferos en espacios cerrados ha sido ampliamente estudiado por la etología, evidenciando que las condiciones ambientales tienen un gran impacto en el sistema nervioso de los animales, sobre todo en aquellos de corta edad. La respuesta común de los mamíferos en entornos de confinamiento es de huida (Price, 1984) pero, además, cuando se asustan o las demandas del ambiente son superiores a sus recursos, son propensos a lesionarse a sí mismos y mostrar conductas desadaptadas. Esta conducta de desregulación emocional es particularmente intensa cuando hay barreras físicas que impiden esa huida.  

Los niños, en entornos cerrados, se vuelven un poco como esos animalillos salvajes que buscan la salida.

Saber estas cosas a mí me alivia. No soy yo. Es el confinamiento.

Por eso en este artículo vamos a abordar estrategias para sobrellevar esta situación tan atípica basadas en la ciencia pero, sobre todo, en mi bagaje experiencial (ensayo-error) fruto de…

Muchas sentadas en el suelo esperando que pase una rabieta preguntándome si lo estaré haciendo bien…

Muchos juguetes desperdigados…

Mi hijo practicando su afición favorita: sacar los juguetes de baúl. Varias veces al día. 

Algunas leches derramadas…

Varios experimentos catastróficos con todo tipo de alimentos fluidos y en polvo (cuanto más fluidos y más en polvo, mejor).

Mis hijos, experimentando

Para poder sobrellevar este confinamiento en un apartamento sin jardin ni terraza y dos niños en edad de reclamar, a mí lo que me funciona es dejar de hacer.

En estas circunstancias, y sin desfogue energético de ningún tipo, no puedo seguir el ritmo marcado por la asamblea de uno a las 9, los deberes de la otra a las 10 (con el pequeño llorando y demandando a mi alrededor), el teletrabajo, la comida, la ropa, la hora de los cuentos, las manualidades, la videoconferencia en Zoom, la clase de yoga por Skype, las videollamadas de los grupos de whatsap, el directo de las 9, los 150 mensajes por hora (con todas las actividades y propuestas que me gustaría hacer y atender).

Lo siento. No quiero. Me bajo.

Pienso en la tragedia de muchas familias, con pacientes aislados, enfermos o fallecidos. Pienso en los sanitarios que viven con angustia el momento de entrar a casa por miedo a infectar a su familia y todo lo que no es vital ahora pasa a un segundo plano. Y me conecto con el agradecimiento por poder compartir con ellos, de una forma más pausada, todo lo que el ritmo de vida normal me impide. Entonces respiro.

Ya es bastante duro estar aquí confinados como para marcarnos exigencias. Creo que ralentizar es lo único de puede salvarnos de esta debacle. Que es necesario que empecemos a bajar el ritmo que esta “sociedad del cansancio” nos ha marcado.

Si hay algo que nos ha demostrado este parón es que todo puede esperar, menos la salud. Que no pasa nada si nos perdemos algo. Que podemos tomarnos un momento para parar.

Esto no significa (necesariamente) que tengamos que pasarnos el día en el sofá sin hacer nada. Dejar de hacer es permitirse el encuentro con uno mismo y con el otro, es hacer las cosas más despacio, es seguir gestionando nuestra rutina de una manera más consciente. Sabiendo que llegaremos hasta donde podamos, porque son circunstancias excepcionales. Son todas estas cosas que os expongo a continuación y que a mí me están ayudando.

Aquí van algunas de mis claves para “dejar de hacer”:

✩ PRESENCIA: Cada uno tiene un concepto distinto de felicidad, para mí es poder disfrutar plenamente del momento sin murmullo interior. Aquellos instantes en los que ESTOY DONDE ESTOY, no pensando que tendría que estar haciendo otra cosa con otra persona.

Trato de transmitir esta idea a los niños de una forma parecida a esta: “Cuando pensamos en las cosas que no tenemos, la luz de nuestro corazón se apaga un poco. Para hacer más grande esa luz, solo hay que prestar atención a todo lo bueno de nuestro presente, lo que tenemos AHORA MISMO: nuestros muñecos, desayunar con calma, pasar más tiempo juntos… La felicidad chicos, es estar donde están nuestros pies“.

Y una de las cosas que más nos conectan con esa sensación de plenitud es la naturaleza. Como eso, de momento, no puede ser, simplemente trato de llevar mi atención a lo que estoy haciendo (parece fácil pero no lo es). El multitasking nos funciona bien pero, a la larga, nos desgasta. Si no queremos que estas semanas de confinamiento acaben con nuestra salud mental, pongamos nuestra mente en aquello que hacemos en cada presente. No en el mes que viene, no en mañana, ni en dentro de una hora. Anota todos los “tengo que…”, y ve resolviéndolos de uno en uno, dejando el resto en la libreta hasta que sea su turno.

La PRESENCIA me funciona muy bien para lidiar mi día a día con ellos. Cuando la cosa se complica, solo tengo que sentarme y observarlos para que se haga la magia. Esto es particularmente efectivo a la hora de gestionar las rabietas del más pequeño. Mi consigna es “te puedes enfadar, pero no gritar, ni pegar, cuando gritas , molestas a los demás”. Entonces me lo llevo a otra habitación y simplemente me siento a su lado, a esperar a que pase la tormenta. “Cuando te calmes hablamos”. Es todo lo que le digo. Y respiro. Porque esos gritos y sus intentos de salirse con la suya a toda costa (la última vez el mando a distancia) a mí también me alteran y es importante para ellos que nosotros mantengamos la calma.

Tranquilos… Poco a poco su lóbulo frontal irá madurando y con él la capacidad de inhibir impulsos. ¿Le doy lo que quiero? Por supuesto que no. Pero le acompaño en su emoción, aumentando el “umbral de tolerancia a la frustración” del que os hablaba más arriba. La próxima vez, su reacción a un NO será menos intensa. Cuando le veo un poco más calmado simplemente le pregunto, “¿quieres un abrazo? “. A veces me dices que no, otras que sí. Cuando esto último pasa es muy bonico y relajante para ambos. El mensaje que debemos transmitirle con nuestra actitud es:te quiero siempre, también cuando te enfadas, aunque eso no te va a servir para conseguir lo que quieres”.

✩ SENTIDO DEL HUMOR: Para mí es un básico “cuarenteno”. Reírnos de las cosas importantes no le quita un ápice de solemnidad o respeto a lo que está pasando, y lo hace más llevadero. La seriedad no está reñida con la alegría, más bien al contrario, el humor propicia la cohesión entre las personas para superar la adversidad. Y ahora, más que nunca, esa unión es necesidad.

✩ DESCONEXIÓN TECNOLÓGICA (Al menos a ratos): Es complicado estos días, pero el exceso de pantallas, de noticias… nos satura y, muy al contrario de lo que pensamos, en realidad nos desconecta de la realidad.

En relación a los niños, la OMS recomienda no exponerlos a pantallas más de una hora si tienen entre 2 y 5 años. No más de dos si son más mayores. Para el neuropediatra con más publicaciones científicas sobre el efecto de las nuevas tecnologías en el cerebro de nuestros hijos, Christakis, “Una exposición prolongada a cambios rápidos de imágenes durante el periodo crítico de desarrollo condiciona la mente a niveles de estímulos más altos, lo que lleva a una falta de atención más adelante en la vida”. En otras palabras, les hace extremadamente dependientes de estímulos externos alterando su capacidad de asombro. Podéis leer más sobre este tema en artículos como este, de la maravillosa Catherine L’ecuyer.

Que sí, que vamos a ser realistas, que a veces, y sobre todo durante el confinamiento, tenemos que recurrir a la pantalla para poder sobrevivir cocinar o ducharnos pero, si hacemos uso de ellas, que sea con moderación, eligiendo contenidos que no saturen su cerebro (vídeos de música, cuentos o rimas, dibujos que no sean hiperestimulantes o con carga agresiva…) dejando a un lado el temor a que se aburran. El aburrimiento es una de las puertas a la imaginación.

Si hacemos uso de pantallas, recurramos a recursos didácticos o actividades tranquilas. Videocuento “Las alas de Lady Pájaro”

✩ RELATIVIZAR CON LAS TAREAS: Con las suyas y con las nuestras. Sigamos la consigna del gobierno, independientemente de nuestra postura política, y centrémonos solo en las actividades esenciales. Simplifiquemos: Espacia las compras, cocina un día y congela para varios.

Con respecto a los deberes y tareas de los niños mi postura siempre ha sido la misma: esta es una situación excepcional y la prioridad de docentes y padres ha de ser gestionarla con el mayor equilibrio posible. La finalidad de la educación no es solo transmitir conocimientos, sino también procedimientos y estrategias para afrontar la realidad. Y esta que nos ocupa, es difícil y totalmente novedosa. Estemos a la altura.

✩ MOMENTOS DE VACÍO: Solemos equiparar el valor a la productividad, por eso nos cuesta tanto dejar de hacer. Pero es preciso detenerse y agendar unos momentos de vacío mental diario para estar con vosotros mismos. El vacío nos proporciona la distancia suficiente para integrar el conocimiento y la experiencia. ¿No os ha pasado alguna vez que en el trayecto al trabajo o durante un atasco, os ha venido subliminalmente la solución a un problema que os tenía bloqueados desde hacía días?

Como esto de vaciar la mente, al principio cuesta, audios como estos pueden ser de gran ayuda.

✩ CONECTAR CON EL CUERPO. Cuídalo como nunca. Experimenta el deleite en hacer despacio todas aquellas cosas que no nos da tiempo a hacer con la misma presencia, comer, ducharte, tumbarte y estirarte, ponerte la crema hidratante… esas cosas.

Y si hay algo capaz de aunar todas estas claves en una es BAILAR. No hace falta tener sentido del ritmo, ni hacerlo bien, solo dejarse llevar por la música.

Para ilustrar el poder unificador del baile voy a terminar este artículo con la historia de un fenómeno viral mucho más bonito que el que nos mantiene encerrados estos días. Es la historia de un baile que dio la vuelta al mundo varias veces en forma de sonrisa. Y lo que comenzó como una broma tonta en un viaje de un tipo normal, Matt Harding, acabó teniendo tanta repercusión que una compañía le pagó para que recorriera el mundo y simplemente bailara en sitios emblemáticos para una campaña publicitaria. Sucedió que en Ruanda, un grupo de niños se unieron a él de manera espontánea (los niños y su poder para conectar con la magia del momento presente). La empresa quedó tan fascinada con esas imágenes en concreto que le dieron una nueva instrucción: no nos importan los monumentos, solo baila junto a otras personas.

El resultado es un vídeo que siempre me saca una sonrisa pero que ahora, en las circunstancias de aislamiento en las que nos encontramos, me emociona especialmente. Que es extraordinario por su simplicidad. Sólo gente que baila y sonríe. Por todo el mundo. Un vídeo que me recuerda, cuando se me olvida, la importancia de estar donde están nuestros pies. Del AQUÍ Y el AHORA. Y lo maravilloso que es el ser humano cuando se une.

Volveremos a bailar juntos. Mientras os dejo con el vídeo. Dicen que es imposible verlo sin sonreír.

“La misma corriente de vida que corre por mis venas día y noche recorre el mundo y baila”. Tagore.

6 comentarios de “Dejar de hacer: un arte y (en confinamiento) una necesidad”

  1. Me he identificado absolutamente con tus palabras..soy madre de 3 y dentro de la supervivencia de estas tres semanas , tengo la suerte de ser consciente de la oportunidad que me ha dado la vida de “ver” y estar con mis hijos, de otra manera, con presencia, conectada…tomando decisiones al minuto de lo que quiero en esta vida, de estar en donde están mis pies ahora y traducir esa sensación de aceptación en algo parecido a la felicidad…no se lo digas a nadie, pero echaré de menos este parón y no sé si alargarlo yo un poco más…al menos en mi corazón.

    1. Me encanta. Propongo que estos días visualices tu día a día tal y como te gustaría que fuera, para que cuando volvamos a la vida real podamos hacer los cambios de todo aquello que nos aleja de nuestra esencia.

      Este parón no ha dado la oportunidad de SER y eso querida, es maravilloso.

  2. Inma no puedo más que felicitarte por tus artículos, siempre tan sensatos, coherentes y llenos de sensibilidad. Transmites mucho y llegas al corazón. Gracias!!! Cuídate y cuida a los tuyos!

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