Fornite: lo que debemos saber

La semana pasada tuve una entrevista con la madre de un niño con dificultades en el cole y como no es la primera vez que me dicen algo como esto, me he decidido a escribir sobre ello.

— Marco me dijo ayer que pasa una media de 3 horas diarias jugando a Fornite. Sería conveniente limitarlo, este hábito agrava las dificultades que tiene. 

— Lo he intentado, pero si al día siguiente en el recreo todos los compañeros están hablando de la partida de la tarde anterior, se va a sentir discriminado. 

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Mi cara mientras pienso “A ver cómo podría explicarlo…”

Entiendo que la presión social a ciertas edades es grande, pero si su hijo te dijera que cuando le pasan el porro fuma porque todos fuman, ¿cómo reaccionarías? Si tienes claro que no serías tan condescendiente, ¿por qué nos relajamos con los videojuegos? La respuesta es la falta de información, a algunos padres les cuesta pisar el freno porque (quiero creer) no son conscientes de los riesgos que entraña.

Pero la adicción a los videojuegos existe y es un trastorno que el CIE10 define como un patrón de comportamiento de juego tan grave que prevalece frente a otros intereses vitales, con un deterioro significativo en el ámbito familiar, social, educacional, personal. Cuando un niño deja de querer jugar, dormir, comer y descuida sus responsabilidades por pasar más tiempo frente a la pantalla hablamos de una adicción.

Fornite es especialmente adictiva porque sus creadores se han encargado de hacerla así a conciencia. Persiguen que nuestros niños, con un cerebro en formación, y por ello tan vulnerable, se conviertan en auténticos yonkis tecnológicos.

Y lo consiguen combinando estos factores que si por separado funcionan, ni te cuento si los juntas:

Funciona como una red social (tan adictivo como facebook) Está pensado para jugar en grupo (en escuadrones) de modo que se convierte en una experiencia social. Esto favorece que al día siguiente las conversaciones giren sobre el juego y puedan interactuar a través del chat durante la partida. Muy suculento a estas edades, ¿verdad?

✹ Es gratuito en su modo multijugador, de modo que atrae a un público mayor.

✹ El sencillo de usar, no requiere de un ordenador de gran potencia y está en todas las plataformas, es decir, al alcance de cualquiera. Puedes empezar la partida en el móvil en el bus y continuarla en el PC de casa.

El estilo de los dibujos se parece mucho a los dibujos animados o un cómic (no es tan realista como otros) y no contiene sangre, lo que hace que los padres bajen la guardia. 

La-Revolución-del-Battle-Royale-Fornite.-¡Gracias-Epic-Games

✹ Cuando ganas incluye refuerzos inmediatos (los más adictivos) como luces, sonidos o danzas.

Si mueres se acaba la partida, y como sólo cuentan con una vida es muy fácil caer en el “venga una más y lo dejo“. Como tiene un importante factor suerte, un jugador novato se siente atraído por la futura posibilidad de ganar y no lo deja.

Si agitamos la cocktelera de factores tenemos un alto riesgo de adicción. 

Y el hecho de que como padres lo permitamos nos convierte, sin saberlo, en cómplices de esta macabra artimaña para ganar cada vez más adeptos (más de 40 millones de usuarios que se traduce en muchos más de recaudación), cada vez más distraídos.

¿Y qué riesgos conlleva que mi hijo juegue a Fornite?

✹ Que como cualquier droga, altera los niveles naturales de dopamina en el cerebro, por lo que los niños necesitan cada vez de estímulos más fuertes para obtenerla. Dejan de divertirse con cosas que antes sí les resultaban satisfactorias.

✹ Que a través del chat pueden hablar con sus amigos pero también con DESCONOCIDOS con los que pueden quedar. Es una puerta abierta al prototipo de depredador sexual infantil.

✹ Que, como toda adicción, genera un síndrome de abstinencia cuando no pueden jugar y que ha desencadenado más de un episodio de agresión a los padres.

✹ Que insensibiliza ante la violencia. En lugar de primar la empatía se busca aniquilar al otro.

✹ Que, aunque al principio es gratuito, incluye cuotas cuando el jugador ya ha pasado mucho tiempo (y ya se ha “enganchado”). Además, se ve tentado a adquirir packs y otros extras muy jugosos que pueden convertirse en un riesgo para la economía familiar y tentar a los chavales a usar la tarjeta de papá y mamá.

✹ Que son una ventana a otro tipo de adicciones tecnológicas como las apuestas en red.

✹ Que se convierte en su prioridad y se empiezan a descuidar otras facetas de la vida. Dejan de dormir, dejan de estudiar, dejan de salir…

Dejan de vivir.

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La solución no es la prohibición. Pero dos son las claves para evitar los riesgos:

  1. LA MODERACIÓN. No pasa nada por decirles que NO. No pasa nada por entrar en conflicto con nuestros hijos. Cuando se les pase el berrinche lo hablamos y negociamos. Pero, como padres, hemos de fijar límites.
  2. LA FORMACIÓN en el buen uso, tanto en casa como en el cole. La comunicación con los niños para que conozcan el mecanismo de la adicción y entiendan que el uso indiscriminado de la pantalla conlleva unos riesgos.

Eduquemos a nuestros niños para el espíritu crítico, no desde el miedo, sino desde el ejemplo y el diálogo. Hagamos de nuestros hijos niños despiertos. Son el futuro de una sociedad consciente, ni distraída ni dormida.

Para ello tenemos que unirnos, y empezar a decir NO.

Y no pasa nada si mi hijo de 10 años no tiene móvil. Y si ayer no jugó a Fornite.

“Hasta que no tengan consciencia de su fuerza, no se rebelarán, y hasta después de haberse rebelado, no serán conscientes. Éste es el problema”

Extraído de 1984, de George Orwell. 

 

 

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